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Seamos unos excelentes Papás

 21 oct 2019

Por: Ramón de la Peña

Perfil del Autor


Ramón de la Peña



Semblanza
Ingeniero Químico de profesión. Trabajó en el TEC de Monterrey por 35 años. Es Rector Honorario Vit ...



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Nunca había sido tan evidente para mí la diferencia entre un papá típico y un excelente papá, hasta que leí un mensaje que me enviaron ya hace buen tiempo vía Internet, titulado: “No sean buenos padres, sean más bien padres responsables”.

De acuerdo con este mensaje, un padre típico cree que debe controlar a sus hijos; que tiene todo el derecho del mundo para hacer con ellos lo que él considera que se debe hacer; que los hijos estarán obligados con los padres por lo que hacemos, trabajamos y nos afligimos por ellos. Mientras que un padre responsable (Excelente) cree que el hijo puede tomar sus propias decisiones; cree en el respeto y respeta y quiere a sus hijos; sabe que él es imperfecto y sus hijos también y que por lo mismo tienen ambos muchas cosas qué aprender y se preocupa por aprender a ser un mejor papá.

Por otro lado, el papá típico exige y quiere siempre obediencia, para eso soy el papá, dice. Su manera de motivar y dirigir es a través de premios y castigos, le preocupa tratar de ser justo siempre, aunque no tiene ni ha fijado normas claras de comportamiento para que a sus hijos les quede claro lo que es justo o no. Siempre trata de dar lo mejor a sus hijos, pero con condiciones, una de ellas implica el querer que sus hijos sean excelentes en sus estudios, en su comportamiento, en el deporte que practican –de qué otra manera me sentiría orgulloso de ellos se dice a sí mismo–; se fija mucho más en los errores que en los aciertos y se preocupa mucho del qué dirán los demás por el comportamiento de sus hijos.

Mientras que el padre responsable permite que el hijo decida, le encanta estimular y promover el respeto mutuo, evita que el hijo se sienta culpable y evita que los demás lo hagan sentir culpable, fija normas de comportamiento realistas para sí mismo y para sus hijos, le encanta ser tolerante, promover las virtudes en sus hijos y le preocupa mucho el desarrollo armónico de sus hijos, pero sobre todo les dedica tiempo para que todo lo anterior sea posible.

Bajo esos estilos de dirección, usted verá que el hijo de un papá típico tenderá a ser rebelde, sentirá que debe de ganar siempre y a como de lugar, porque eso es lo que esperan de él en su casa. Usted verá que no le comenta a su padre lo que realmente quiere y siente, sino que dirá lo que él cree que a usted como papá le gustará escuchar; sentirá que la vida, su vida, en su casa es injusta, tenderá a decir mentiras para encubrir sus errores, desconfiará de los demás, tenderá a vivir en la cárcel de la perfección y siempre estará preocupado de la opinión que los demás tengan de él, en especial sus papás.

Mientras que el hijo de un papá responsable tenderá a tener ante todo mucha confianza en sí mismo, será alguien que siempre tratará de contribuir con soluciones no con quejas ni con enojos, por eso siempre estará de parte de la solución, no del problema. Tenderá a ser una persona ingeniosa y creativa, le encantará respetar a los demás y, sin duda, primero se respetará a sí mismo, y por lo mismo tenderá a confiar en los demás, en su pareja, en sus hijos, en sus amigos. Estará orientado a ver sus errores como retos a vencer, no a ocultarlos o justificarlos, tendrá el valor y el entusiasmo de probar nuevas ideas, conceptos y experiencias y sin duda será tolerante con los demás, no con los que se equivocan poco, porque eso es muy

fácil, sino con los que se equivocan mucho. sin olvidar estimado Papá que lo que se siembra en nuestros hijos es lo que se cosecha,

Después de estas reflexiones, quedó claro para mí que los hijos de los papás responsables serán el mejor regalo que cualquiera de nosotros podemos dejar en nuestro mundo, porque se quieren y respetan mucho a sí mismos, porque no se rinden ni se dejan aplastar por el peso de las dificultades, porque cuidan sus relaciones interpersonales con esmero, porque no se desgastan en hacer crítica destructiva, porque ven oportunidades en las dificultades, porque disfrutan del aquí y el ahora, porque poseen una gran fuerza interior y cultivan una excelente relación con Dios y con los demás y aceptan a los y las demás tal y como son.

 

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