martes 5 mayo 2026 7:33 PM
Redactor : Alejandra López Lizalde
Aunque muchas personas pasan la mayor parte de su día en interiores, estudios recientes señalan que el contacto visual con el exterior como tener una ventana cerca) puede influir directamente en el rendimiento mental. Investigaciones de instituciones como la Universidad de Boston y la Clínica Mayo coinciden en que la luz natural y las vistas al exterior no solo generan bienestar, sino que también ayudan al cerebro a funcionar mejor.
Un análisis publicado en Journal of Economic Behavior & Organization evaluó a más de 3,700 estudiantes durante un examen de admisión en China. Los resultados mostraron que quienes se sentaron junto a ventanas con vista al exterior obtuvieron calificaciones 8.9% más altas que el resto. Además, tuvieron 2.8% más probabilidad de ingresar a universidades de élite, lo que sugiere que el entorno sí impacta en el desempeño cognitivo.
Los investigadores explican este fenómeno con la llamada “Teoría de la Restauración de la Atención”, que plantea que el cerebro se fatiga tras realizar tareas exigentes. Observar elementos naturales, como el cielo o los árboles, permite que la mente descanse y recupere su capacidad de concentración, lo que mejora el rendimiento en actividades complejas.

Otros estudios también han encontrado beneficios similares en entornos laborales. Un experimento del Well Living Lab, en colaboración con la Clínica Mayo, analizó durante 14 semanas a personas que trabajaban en oficinas con diferentes condiciones de luz. Aquellos que tenían acceso a ventanas y luz natural mostraron mejoras en la memoria, la concentración y la capacidad para procesar información, además de menor fatiga visual.
Más allá del rendimiento, el contacto con la luz natural también está relacionado con la reducción del estrés, un mejor estado de ánimo y menos errores en el trabajo. Incluso se ha observado que influye positivamente en la salud general y en la respuesta del sistema inmunológico.
Especialistas señalan que esto tiene que ver con la forma en que el cerebro procesa la atención. Existen dos tipos: la dirigida, que se usa para estudiar o trabajar, y la involuntaria, que se activa con estímulos naturales sin esfuerzo, como el movimiento de las nubes o los árboles. Este segundo tipo permite que la mente se recupere sin desgaste.
En casos donde no es posible tener una ventana cercana, los expertos recomiendan alternativas como incorporar plantas, utilizar materiales naturales, escuchar sonidos del entorno o simplemente tomar pausas al aire libre. Aunque parezcan detalles pequeños, estos elementos pueden marcar una gran diferencia en la productividad y el bienestar diario.
Fuente: Milenio/mhg/Foto:CNN-Freepik
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