OPINIÓN

Maru habló por México, Anaya posó para la foto

29 may 2026 | Genoveva Javier Pérez

Vinieron a apoyar a su heroína y se robaron su close-up

 

Si hay dos cosas que nos mueven a los mexicanos hasta los huesos son las desgracias y las injusticias. Maru tiene las dos de su lado. Tiene causa, tiene pueblo y tiene momento histórico. Lo que todavía no tiene —y esto es lo que nadie está diciendo— es una comunicación a la altura de todo eso. Y de eso vamos a hablar hoy.

Pero para discursos y análisis políticos, ya varios medios y líderes de opinión harán lo suyo. Hoy vayamos más lejos: a lo que todos percibimos pero pocos saben nombrar, y que revela que para comunicar no basta el qué, sino el cómo.

El secreto del éxito publicitario está en la repetición. Por eso, si hoy les preguntase de quién es el eslogan "¿A que no puedes comer sola una?", responderían: Sabritas, con la misma seguridad con que afirmaría que Coca-Cola es "La chispa de la vida". Vale reiterarlo: imagen es percepción.

Desde esta óptica, la rueda de prensa de Maru —para los cuates, y vaya que los tiene, y seguirá sumando— revela con claridad dónde se debe reforzar y trabajar.

El show se lo robó quien no debía

En toda rueda de prensa, el relajo entre periodistas, fotógrafos y camarógrafos es el pan de cada día, y no precisamente el partido, aunque hoy el blanquiazul fue el protagonista. La gobernadora era el personaje central, arropada por su partido, pero se descuidó la visibilidad y el protagonismo. Anaya se posicionó al frente, al centro, cercano al atril, robando cámara y protagonismo. La culpa no es de él —aunque el señor tiene un talento natural e irrenunciable para aparecer en el cuadro—; la logística no debe permitir errores de esta magnitud. Sabemos que el que se mueve no sale en la foto: Maru salió, pero no lució todo lo que podía.

Poder o autoridad: entre el rojo y el azul

La colorimetría es un recurso comunicativo poderosísimo; en psicología e imagen pública proyecta poder, dinamismo y fuerza. No obstante, Maru requería ir más allá: demostrar autoridad, transparencia y congruencia entre el ser y el parecer. El rojo, siendo el color de la pasión y la energía, manda señales contradictorias en un momento de confrontación política donde lo que se necesitaba proyectar era institucionalidad, no militancia. Un traje sastre azul marino con blusa blanca o marfil habría funcionado mejor, no por congruencia partidaria sino porque el azul marino comunica exactamente lo que el momento exigía: autoridad, seriedad y credibilidad de Estado. En cuanto a maquillaje y accesorios, menos es más, y Maru lo entendió: discreta, sin recargas, sin distracciones. Ese fue un acierto que no debe pasarse por alto.

El folder con el discurso y los brazos hacia adelante son una pose común, recurrente cuando las personas se exponen públicamente. En Maru, los brazos detrás de la espalda habrían proyectado mayor autoridad, en lugar de funcionar como canalizador de tensión —que, en más de una ocasión, se concentraba precisamente ahí—. O bien, alguien sosteniendo el folder mientras ella tenía las manos libres habría eliminado la barrera comunicativa entre ella y los oyentes. La altura del atril fue un desacierto: al cubrir parte de su tronco, obstruye el poder del mensaje y se interpone entre ella y los receptores, desaprovechando un momento idóneo para conectar.

El valor no se improvisa, pero la comunicación sí se trabaja

La capacidad de Maru no está en tela de juicio; al contrario. Desde esta pluma se elogian y aplauden su valor, su tenacidad y su entereza para defender lo que, a todas luces, al resto de la esfera de gobierno no le interesa defender. Pero no es suficiente.

Maru inicia saludando, agradeciendo a amigos y compañeros con ese carisma y cercanía que son precisamente su mayor poder: transmite simpatía, tiene carisma, y el contacto físico al saludar antes del discurso lo confirma. Sin embargo, al plantarse frente al podio y decir "Salgo para dar la cara", baja la mirada hacia sus notas justo en ese instante, desaprovechando la oportunidad de arrancar con fuerza y autoridad.

Su tono de voz es agradable, pero en el discurso el registro agudo le resta. Esto recuerda los primeros años de la Dama de Hierro: Margaret Thatcher era dueña de una voz tan aguda que su propia autoconciencia la llevó a prepararse arduamente hasta convertirse en la primera ministra más elocuente y de mayor proyección de poder que ha dado el Reino Unido. Maru necesita trabajar tanto en el cómo se dice como en el qué.

Aquí vale un breve paréntesis necesario: hay quienes creen que repetir algo basta para volverlo verdad, y esto ocurre frecuentemente al citar a Mehrabian. Se llenan la boca diciendo que "el 93% de la comunicación es no verbal". No es así. Zapatero a tus zapatos: Mehrabian no se refería a toda comunicación, sino específicamente a aquella donde era necesario analizar la emoción dentro de la interacción comunicacional.

Maru habló por México y lo que dijo lo creyó, pero el cómo lo dijo limitó su impacto. Perdió fuerza discursiva. Su gesticulación con las manos es escasa, lo que hace que desaproveche momentos de alto impacto para la audiencia —como cuando emplea el dedo índice para señalar—, que en manos más entrenadas serían golpes retóricos contundentes.

Una verdad a prueba de fuego

Los gestos faciales de Maru sí reflejan congruencia:

Indignación y desprecio (asimetría en el rostro): Al pronunciar palabras clave como "burda finalidad", "tramposamente" o "simulación", se observa una sutil elevación unilateral del labio superior combinada con una contracción en las cejas. Es la expresión clásica del desprecio y la indignación moral. No proyecta miedo, sino una hostilidad genuina hacia el emisor del citatorio.

Determinación: Al inicio y cierre de sus frases más contundentes —"tengo la dignidad para hacerlo", "yo hice mi trabajo"—, realiza un apretamiento mandibular al terminar la última sílaba. Comunica firmeza, rigidez posicional y una negativa absoluta a ceder o mostrar vulnerabilidad.

El movimiento ya existe. La heroína, también. Falta el escenario.

El movimiento ya existe. La indignación ya está. La heroína, también. Solo falta que la heroína aprenda a comunicarse como lo que ya es: la política más valiente de México en este momento. Porque al final, la historia no la escriben solo quienes actúan con valor, sino quienes logran que ese valor se vea, se sienta y se recuerde. Maru tiene la causa, tiene el carisma y tiene al pueblo. Ahora solo le falta dominar el escenario como ya domina la calle.

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Genoveva Javier Pérez

Consultora y perito en comportamiento no verbal y psicología del testimonio, especialista en imagen pública. Con 20 años de traye...
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