OPINIÓN

México en el Mundial: ¿a dónde van las lágrimas?

“El fútbol se hace menos dramático cuando lo ejecutan los que saben."

Marcelo Bielsa

 

La vida es un aprendizaje permanente en el triunfo y la derrota, es adquirir experiencia por aciertos y errores: ¿qué hice bien? ¿qué hice mal? ¿cómo y por qué? Pero el fútbol desafía esa lógica. Es el tiempo perfecto, -90 minutos de juego- para la euforia desbordada donde  tristeza y alegría se contagian sin filtro entre jugadores y  afición. El problema es que el pitazo final siempre llega, y tras el estruendo de la tribuna lo único que queda es el regreso a la soledad de la vida cotidiana, donde los gritos se ahogan.

Con la derrota de la selección mexicana ante Inglaterra -con un marcador de 3 goles a 2-, la afición sufrió como nunca, sin embargo, el tiempo todo lo cura, y en cuatro años el balón correrá de nuevo en el mundial que organizarán en forma conjunta Portugal, España y Marruecos.  ¿Pero con qué lecciones nos quedamos?

Lección optimista: de manera diferente se llegó al mismo lugar. Otra vez sólo nos alcanzó para los octavos de final, aunque ahora se jugó el deseado quinto partido al añadirse más equipos (48).  Pero ¿por qué ocurrió de manera diferente con el mismo resultado? Era una oportunidad histórica para trascender y romper la maldición mundialista de eliminaciones agónicas. Había condiciones propicias: nivel de juego mostrado -trabajo de equipo y razonable capacidad individual-, circunstancias de clima y geografía -calor y altitud de 2,240 metros sobre el nivel del mar, incordio para los ingleses-, localía/comunión con la afición -el estadio como caldera con la frase que prendió: “¿ Y si sí?”- y un estratega experimentado, Javier El Vasco Aguirre, que en su tercer mundial declaró: “Estas son las grandes ligas y no te puedes equivocar porque te condenan. Tuvimos ahí un par de errores y me da tristeza por la gente, pero creo que mis jugadores pueden estar tranquilos porque hicieron lo que pudieron ante un gran equipo”.

Lección de desfase: en el momento de la verdad, se percibieron diferencias entre lo que sucede fuera y dentro de la cancha. No hay traslados mecánicos de afuera hacia adentro. La alegría, imaginación y creatividad popular que México mostró en las calles y las tribunas no fue lo que mostró la selección mexicana en el partido decisivo. La vida es sentimiento/emoción y técnica/razón al mismo tiempo, pero no todo lo que ocurre en el entorno social se refleja en el campo de juego. No todo apoyo emocional ‘juega’ cuando hay técnica de por medio. 

Lección mental: mencionaré un factor de tipo psicológico/emocional en la derrota ante Inglaterra. México no había recibido gol en cuatro partidos. Su defensa era una fortaleza inexpugnable. De ahí que resulte dramático recibir dos goles en 98 segundos, luego de controlar el juego por 35 minutos. Mazazo emocional que muestra el punto clave a trabajar. En mesas de análisis, se remarcaba la importancia de ver la reacción de México cuando recibiera el gol en contra. Prueba no superada, con el shock del primer gol, llegó inmediatamente el segundo con una pérdida de balón en zona de seguridad, justo donde no debe arriesgarse. Después, cuando México tenía un jugador más y perdía por un gol, llegó un balón largo, mal defendido, y un penalti para el tercer gol inglés. Había tiempo, pero se abusó de los centros y no aparecieron variantes que descolocaran a los ingleses: tiros de media distancia, jugadas de pared, triangulaciones a ras de césped. Se renunció a lo que mejor había hecho México.      

Lección sociológica: importa no sobredimensionar el triunfo ni la derrota en diferentes ámbitos de la vida. Aquí, me parece, tenemos un problema colectivo: cuando nos ilusionamos al ganar en la etapa preliminar se pierde la mesura de lo que realmente ocurre en la cancha de juego, así como las posibilidades reales de competir. Este punto, desde luego, la algarabía de la afición de celebrar de manera anticipada, contagia a los jugadores y los bloquea en los momentos decisivos: sigue faltando pensamiento analítico, esa cabeza fría para activar el talento ante la adversidad.

Lección económica: la FIFA fue creada para aliarse con el poder económico en turno para comercializar todo; como dijo el periodista argentino Martín Caparrós, el mundial 2026 quedará marcado como la “infantinización” del fútbol. Gianni Infantino y Donald Trump crearon un patrón donde todo, absolutamente todo, se explica por la plata. La tristeza de los mexicanos también generó riquezas.

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