OPINIÓN

La crisis del prestigio social y cómo las redes le dieron al traste a la adolescencia

Esta semana, la serie británica Adolescencia encabeza la lista de las más populares en México. Sin duda, la trama es impactante, pues, aunque no aborda concretamente un hecho real, ha sido inspirada por diversos sucesos de relevancia que involucran a adolescentes.

Su relevancia se basa en la gran incógnita que plantea antes de llegar a la mitad de la serie: ¿Por qué un inocente muchachito de 13 años asesinó con tanta saña a una compañera del colegio?

Este espacio es demasiado corto para responder, pero sí puedo sentar las bases de la respuesta. Las redes sociales y el mundo virtual están aniquilando el desarrollo cognitivo de los adolescentes, especialmente aquellos cuyo rango de edad va de los 9 a los 15 años. El resultado, a nivel mundial, se traduce en chicos (sí, chicos, porque el término en plural abarca los géneros masculino y femenino. Es lo correcto) con depresión y ansiedad, poca tolerancia a la frustración, irascibles y en constante búsqueda de aprobación social a través de likes y reacciones.

Son jóvenes que idolatran y veneran a influencers que no tienen ni pizca de audacia, liderazgo… en fin, no son aptos para ser seguidos por personas que aún no han alcanzado la madurez cognitiva.

A partir de este punto, es posible que te preguntes: ¿Y esto qué tiene que ver con la imagen pública de la que siempre nos hablas?

Precisamente ahí les va: la esencia de la imagen pública es un iceberg, donde lo más importante reside en la parte del fondo, en lo que no se ve a simple vista. Si fuera así, la historia del Titanic sería otra.

En este caso, los seres humanos tenemos una estrategia de aprendizaje muy importante que consiste en detectar el prestigio y, después, imitar a los prestigiosos.

¿Y a quiénes consideramos prestigiosos? Pues a aquellos que creemos que van más allá del triunfo: a los que son famosos.

Es por ello que una mujer que logra convertirse en piloto militar—y que podríamos afirmar que ha alcanzado el éxito—no es necesariamente famosa. Pero alguien sin carrera, que alcanzó notoriedad en YouTube por sus reseñas, sí puede volverse viral y famosa.

El problema con estos “famosos” del mundo virtual es que los jóvenes, y especialmente los adolescentes, imitan su forma de hablar, de expresarse, de comportarse… Y esas conductas no son aptas en determinadas esferas del mundo real, como la escuela o la oficina.

Hace algunos años, uno de los primeros directivos de Facebook, Sean Parker, reconoció en una entrevista que el objetivo de Facebook e Instagram era “crear un bucle de retroalimentación de validación social”. Es decir, sus programadores cuantificaron el prestigio en función de los clics de los demás, lo que representó prácticamente un hackeo psicológico que afectó el desarrollo social de los adolescentes.

De esta manera, las chicas miden su popularidad e influencia con base en el número de seguidores que adquieren, lo que implica exponer su intimidad mostrando fotografías que, a la larga, causan más mal que bien en su reputación.

En tanto, los varones buscan obtener su aprendizaje social de influencers que les proporcionan lo que ellos creen que es la masculinidad. Y ahí es donde encontramos chicos que buscan el sexo, la violencia o denigran a la mujer porque creen que en eso consiste ser hombre.

Es interesante ver cómo, a lo largo del tiempo, hemos cambiado nuestros estándares de preferencia sobre a quiénes admiramos y consideramos gente de prestigio. El talento es desplazado por el escándalo. Si no, que lo diga Nodal: vende más cuando hay un escándalo amoroso. ¿Y qué decir del éxito de La Casa de los Famosos, donde sus participantes tienen una trayectoria artística pobre y, después de ganar, Wendy Guevara es llamada para participar en películas y telenovelas?

La motivación de un seguidor consiste en el deslumbramiento que le genera la persona con prestigio, para aprender y, especialmente, adquirir parte de ese prestigio.

Vivimos en una época donde cualquiera puede ser famoso solo por ser famoso, pero donde los seguidores—tus hijos, tus sobrinos, tus nietos—imitarán conductas erráticas que ponen en riesgo su salud mental e integridad física. Y cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde.

 

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Genoveva Javier Pérez

Consultora y perito en comportamiento no verbal y psicología del testimonio, especialista en imagen pública. Con 20 años de traye...
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