OPINIÓN

Para entender el 2018

13 dic 2017 | Ricardo Homs

La política hoy es radicalmente diferente a la de hace unos cuantos años y las condiciones sociopolíticas actuales definirán los acontecimientos del 2018. No cabe duda de que el contexto marca un nuevo modo de enfrentar las elecciones.

Lo sucedido durante la selección de precandidatos nos refleja las preocupaciones de la élite política, consciente ya de su falta de credibilidad y confianza ante la ciudadanía. Los candidateables poderosos de antes, hoy se coinvierten en los más débiles, pues su pasado estaría bajo el escrutinio público durante las elecciones y sería investigado minuciosamente por sus competidores.

Por ello es que los tres candidatos que posiblemente se enfrentarán en la elección del 2018, si es que Anaya logra consolidarse como el candidato del Frente, tienen una característica en común: no traen en lo personal cuestionamientos directos sobre corrupción, que hoy es el gran tema político y social.

Todo lo que se publicó sobre Ricardo Anaya, involucraba a familiares, pero no directamente a él. Que si su familia está viviendo en Estados Unidos, termina siendo peccata minuta frente a cuestionamiento como los que enfrentan hoy un gran número de funcionarios públicos, respecto a corrupción a través de grandes contratos de obra pública o vinculaciones con la delincuencia organizada.

Unos son los pecados ya conocidos de los funcionarios con capacidad de ser presidenciables, pero más peligrosos son los que están ocultos hasta hoy y pudieran destaparse durante la campaña. Por ello la reputación se convierte en un valioso capital para competir.

Seguramente la designación de José Antonio Meade tuvo como detonador su honorabilidad y reputación limpia ante la sociedad, más que sus otras virtudes profesionales, ya que esas pertenecen a la administración pública y en este contexto social, para el ámbito electoral, no son relevantes frente a un competidor como Andrés Manuel. Seguramente el PRI debe haberlo investigado a fondo para saber que no habrá con qué exhibirlo al calor de la batalla electoral.

Lo que ha quedado claro es que el paradigma electoral de hoy ya no es que gane el mejor y el más fuerte, sino el menos débil. Será una campaña salvaje donde todos los candidatos saldrán lastimados o por los menos raspados, ya que les exhibirán hasta su vida personal.

De Andrés Manuel no hay nada que decir en este tema de corrupción. No debe haber nada grave que se pudiera convertir en un escándalo, pues después de dos campañas presidenciales si hubiera habido algo grave cuestionable éticamente, ya se lo hubieran sacado a relucir. Se le pueden criticar atributos de personalidad y carácter, pero hay que reconocerle su disciplina para mantener una vida discreta en lo público y lo privado. Su obsesión por el poder ha sido tal que ha cuidado día a día su conducta y no ha caído en tentaciones frívolas que pudieran manchar su nombre. Bien sabe que para señalar a los demás con credibilidad, su nombre debe estar limpio hasta de sospechas.

Sabedores de que las elecciones que vienen serán las más sucias de la historia, pues las estrategias competitivas se centrarán en bañar de lodo a los contrincantes a través de las campañas negras que se manejarán en las redes sociales, renombradas ya como de contraste, pero que en realidad tratarán de denigrar al adversario para debilitarlo, los partidos y el Frente seguramente ya saben que la reputación del candidato debe estar saludable y sana.

Algo que saben los expertos en campañas negras es que estas son improcedentes contra alguien que tenga su reputación limpia y goce de credibilidad pública y que incluso, atacar agresivamente a alguien que goce de la estima ciudadana inventando mentiras que no sean fáciles de comprobar, tiene el efecto contrario, pues le victimizan y le fortalecen ante el electorado, que tiende a ponerse del lado de la víctima cuando se le ataca injustamente.

Recordemos el caso del intento de desafuero orquestado desde Los Pinos en contra de Andrés Manuel, cuando éste era jefe de gobierno de la Ciudad de México, por el caso del desacato a una orden judicial relacionada con el predio La Mexicana.

Andrés Manuel seguramente deseaba con anhelo que lo desaforaran y lo metieran a la cárcel por un tema administrativo, pues ya se veía a sí mismo como el Nelson Mandela mexicano. Cuando el presidente Fox descubrió que en lugar de debilitarlo lo estaba encumbrando, dio marcha atrás, pero el favor ya se lo había hecho a su adversario.

En síntesis; la campaña del 2018 girará en torno a la corrupción y la impunidad y esto pudiera ser el inicio de una renovación moral de la política y la administración pública. Sin embargo, el rol de la sociedad en este proceso determinará si esto se convierte en una farsa para que todo siga igual, como ha sucedido sexenio tras sexenio, o realmente marca un punto de partida para el proyecto de país que queremos.

¿Usted qué opina?

@homsricardo

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