OPINIÓN

La gran ausente en los XV de Mafer: la tía Prudencia

11 mar 2026 | Genoveva Javier Pérez

El personaje que nadie invitó y cuya falta lo explica todo.

 

Desde la década de los ochenta hay dos rolas emblemáticas para celebrar las quince primaveras: la cantada por Timbiriche  con el título de Quinceañera y Tiempo de vals de Chayanne. Pero en Tabasco el ambiente se enciende con una cumbia de Chemaney al son de “Ven a bailar quinceañera”.

Desafortunadamente, esta semana las quince primaveras de una jovencita vinieron con todo y cambio climático, tocándole bailar el vals con la más fea: un escándalo que atenta contra la reputación e imagen de su familia, especialmente la de su padre —contratista de Pemex y socio de Petroservicios Integrales—. Pero como veremos, la fiesta es solo el pretexto. El verdadero blanco es otro.

Detrás de este embrollo, ¿qué es verdad y qué es mentira? Vamos a analizarlo por partes.

Por un lado, los medios, especialmente los nacionales, señalan lo siguiente:

Petroservicios Integrales México tiene dos contratos con Pemex por aproximadamente 4,117 millones de pesos, según registros públicos verificables.

Uno fue por adjudicación directa en 2023, un mecanismo que omite licitación competitiva.

Guerrero Rojas, padre de la quinceañera, aparece como accionista desde 2020.

A la empresa se le adeudaban 563 millones de pesos hasta marzo de 2025.

Con base en esto, los reportes señalan como indicios —pero sin prueba de ilicitud— tres puntos destacados:

La "cercanía" con ex funcionarios de Pemex es una afirmación de contexto, no necesariamente evidencia de corrupción.

La fiesta costosa es un hecho social, no jurídico por sí mismo.

La red de empresas es un dato corporativo, no prueba de irregularidad.

Y aquí es donde, como diría el vulgo: "la puerca torció el rabo", porque los señalamientos tienen una base documental sólida en la parte contractual, pero no hay investigación adicional que sustente más allá de toda duda razonable que se trata de corrupción.

Lo que sí es legítimo y necesario es hallar respuesta a estas preguntas:

¿Bajo qué criterios se justificó la adjudicación directa del contrato de 2023?

¿Hubo conflicto de interés en la relación con los ex directivos mencionados?

¿Los precios de los contratos son consistentes con valores de mercado?

Esa es la parte medular que nadie ha respondido y que nos deja en vilo, porque no tenemos garantía de que vaya a resolverse.

Pero por lo pronto, a Mafer ya se la llevaron —de moño, no de corbata— al baile del escándalo, lo que hasta el momento es el caso más sonado del año.

El verdadero daño

En comunicación política existe un principio brutal:

"La percepción no necesita ser verdadera para ser políticamente efectiva."

Ahí está el meollo del asunto y la garantía de éxito para hacer daño en la reputación e imagen pública. Porque lo que se repite a voces es que se trata de un derroche excesivo en plena austeridad. La pregunta que hay que estudiar es: ¿austeridad de quién?

Un reconocido artista gráfico tabasqueño, de esos que dicen lo que otros callan, escribió en redes sociales: "¿De qué tamaño será la casa de Mafer? Ya me dio curiosidad. Pero total, con sus miles de millones en contratos de Pemex puede hacer la casa que quiera. Para eso es mi parte del petróleo y manda a todos los mexicanos."

Sin embargo, hay que entender algo importante: aunque el gobierno no organizó la fiesta —que dicen se puso buena— y que no importa si el dinero es legítimo o no, lo verdaderamente importante aquí es la imagen que se instala en el imaginario colectivo.

Y todos repiten: "75 millones de pesos en fiesta, contratista de Pemex, Belinda, J Balvin, Galilea..." No importa si es justo. No importa si es completo. En marketing político eso es oro molido, porque el cerebro político no procesa matices: procesa patrones. Y el patrón ya está instalado.

La fiesta como señuelo

Todos hablan de la fiesta, descrita como ostentosa. Pero ahí está el truco de los grandes magos: mientras vemos el acto, el verdadero truco se lleva a cabo desde otro lado. Las preguntas que nadie está haciendo son:

¿Bajo qué criterios se adjudicó directamente ese contrato de 2,119 millones de pesos?

¿Qué relación concreta hubo con los ex funcionarios mencionados?

¿Los precios pactados son consistentes con el mercado?

La fiesta es el anzuelo. La adjudicación directa es el problema. Ya lo dice el refrán: no hagas cosas buenas que parezcan malas.

¿Y por qué todos se van contra la fiesta y las excentricidades? Porque el cerebro humano, por naturaleza, va por la opción más simple. Y en la práctica, esto es más fácil de criticar, de viralizar en redes sociales. Ya saben lo que dicen: lo que está en internet se queda para siempre.

Aquí podría concluir mi tesis, pero resulta que ya me piqué. Porque lo más interesante no es lo que todos están viendo. Es lo que nadie está mirando.

El daño político como cebolla

Este daño es político y tiene tres capas —la cebolla tiene más, pero algo tenía que usar de ejemplo—:

Capa 1. Daño a Pemex como institución. Ya saben lo que dice el refrán: cría fama y acuéstate a dormir. Pemex tiene una famita. Lleva años envuelto en una narrativa de corrupción estructural, y este escándalo no prueba nada nuevo, pero sí alimenta y refuerza esa narrativa. Como la ley de conservación de la materia: no la crea, la confirma en la percepción pública.

Capa 2. Daño al entorno político asociado. Los ex funcionarios mencionados —Octavio Romero Oropeza y Marcos Herrería— están vinculados al sexenio anterior. Aunque no haya prueba de ilicitud, su simple mención en este contexto los daña por asociación. En política, la asociación narrativa tiene peso propio. Que quede claro: no los defiendo. Si son corruptos, que paguen conforme a la ley. Estoy hablando de percepción, no emitiendo un juicio de culpabilidad.

Capa 3. Daño al empresario mismo. Y aquí está la cereza del pastel, porque el único que sale raspado por ahora es él. Está en el radar público. Su contrato por adjudicación directa será escrutado. Cualquier irregularidad futura llegará amplificada. Y su red de empresas ya está bajo la lupa de periodistas y opinión pública. Todo eso era evitable. Con una sola invitada que no llegó: la tía Prudencia.

¿Chivo expiatorio o pecado de inocencia?

No importa. Su error está en la falta de discreción y prudencia. Era evitable, pero ya saben: Tabasco es pueblo chico, infierno grande.

Aquí entró en operación lo que se conoce como agenda setting por asociación. Alguien —medios, competidores, actores políticos— tomó un hecho privado y lo colocó en el marco de la conversación sobre corrupción en contrataciones públicas.

No necesitan probar el delito. Solo necesitan instalar la pregunta: "¿De dónde viene tanto dinero?"

Y ahora actores públicos como Xóchitl Gálvez, entre otros, colaboran instalando esa pregunta en la opinión pública, logrando que la carga de la prueba se invierta informalmente. Esto significa que el orgulloso padre de Mafer tiene que demostrar su inocencia ante la opinión pública, aunque jurídicamente no tenga que demostrar nada.

Eso es poder narrativo. Y es devastador precisamente porque opera fuera del sistema jurídico, donde no hay defensa formal posible.

Conclusión

En conclusión, aquí hubo un gran error que en comunicación política se llama error de exposición innecesaria. Como ya dijo Juan Gabriel: "¿Pero qué necesidad?" Porque cuando se necesita mostrar el poder adquisitivo a gritos, generalmente es para cubrir una carencia más profunda.

Lo que sí es comunicación política es esto: la tía Prudencia no cuesta millones. Y su ausencia, como quedó demostrado, sale muchísimo más cara.

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Genoveva Javier Pérez

Consultora y perito en comportamiento no verbal y psicología del testimonio, especialista en imagen pública. Con 20 años de traye...
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