“Si me encarcelan, me convierto en héroe. Si me matan, me convierto en mártir. Si me dejan libre, me convierto en presidente de nuevo":
Luiz Inácio Lula de Silva
Resiliencia: capacidad de adaptarse y salir fortalecido en situaciones adversas. La segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil arrojó remontada de la izquierda frente a un escenario de derrota estadística. El resiliente Luiz Inácio Lula da Silva , de 80 años, presidente en funciones y candidato del Partido de los Trabajadores, en dos semanas subió a las redes virtuales (no usaba celular) y salió victorioso con mensajes dirigidos a la población joven y con medidas de política social.
Lula tuvo argumentaciones contundentes en los 2 debates presidenciales con el clasista candidato de la derecha, Flavio Bolsonaro. “Nueve dedos”, le apodó Bolsonaro a Lula, sin saber en qué se metía. Referencia al dedo meñique de la mano izquierda que Lula perdió como obrero automotriz. Lula explicó por qué perdió el meñique y replicó: “Flavio Bolsonaro, tú nunca has tenido un trabajo de verdad, excepto los que tu padre te consiguió”. Imagen potente: Yair Bolsonaro, como presidente de la república 2019-2023, consintió a su hijo Flavio vía el erario de Brasil. Nepotismo y racismo por el mismo boleto. Flavio tuvo que disculparse con Lula para tratar de no quedar mal con la clase trabajadora. Ese gesto simbólico fue quizás el último dato significativo de la contienda electoral en Brasil. Millones de trabajadores, incluyendo adultos de la tercera edad, observaron la diferencia de trayectoria social entre candidatos.
“En Brasil no aceptamos ser el patio trasero de nadie. Nuestra victoria es la derrota del negacionismo y la mentira”, fueron las primeras palabras de Lula al conocer resultados. Es vuelco geopolítico en América Latina ante la arremetida de la (ultra)derecha injerencista, articulada desde Estados Unidos por las huestes de Donald Trump. Brasil, la principal economía de América Latina y el país con mayor población, a contracorriente del poder geopolítico, eligió otra vez por la izquierda.
Después de la elección en Brasil, hay mirada de pie: esperanza de otro mundo posible. La mirada Sudamérica, autodeterminación de los pueblos con ruta de justicia social, se dejó sentir con brío. Hay imágenes de jóvenes que literalmente cargan a sus abuelos y los llevan a las urnas. Frente a ese ánimo social y lección democrática, el contraste: Flavio Bolsonaro no reconoce los resultados y habrá pataleo jurídico. Su padre intentó un golpe de Estado. Derecha herida, de reacción impredecible. Falta, pues, el proceso poselectoral.
“Brasil es bocanada de aire fresco para América Latina. Es una lección para México, para Brasil y para el mundo: siempre acercarse al pueblo. Si no hay pueblo que defienda el proyecto, no hay victoria social. La izquierda no debe olvidarlo. En cambio, la derecha representa a las élites y traiciona al pueblo. (…) Lula es un hombre que ha vencido todo, que nunca se ha arrodillado”. Palabras de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, por la remontada histórica de Lula, primer candidato que gana en Brasil después de quedar segundo en la primera vuelta. Esto contrasta con el silencio de Donald Trump luego de oficializado el triunfo de Lula, 51.76% de los votos frente a 48.24% de Bolsonaro. Se le atribuyeron a Trump unas palabras (Agencia EFE) donde se quejaba de que “el manual Biden se aplicó en Brasil, pues los comunistas no quieren dejar el poder”. Mirada norte. ¿Y la mirada sur? “Un triunfo de Flavio habría supuesto una alineación al cien por cien con Trump en su batalla cultural y la política de seguridad”, explicó Benjamín Gedan, director del Programa para Latinoamérica del Centro Electoral de Estudios Stimson. El tablero de América Latina se alteró: “La reelección de Lula obliga a Washington a entenderse con un Brasil, que no comparte su agenda y pone de relieve los límites de su estrategia para Latinoamérica.”
Sigue Estados Unidos en la ruta de definición electoral del mes de noviembre próximo, con tendencias muy preocupantes para Donald Trump: apenas 31% de preferencias y su partido Republicano sin opciones de mayoría en el Congreso. Trump se lamenta en mítines por “no ser reconocido como un gran presidente”. El emperador sigue desnudo y ciego.
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