Un hombre le pregunta sorprendido a su amigo:
— ¿Eres un Therian?
El amigo, con relajada naturalidad, le responde:
— No, pero el abogado me dijo que viniera bien trucha a la audiencia —mientras se sacude una aleta.
Desafortunadamente, la vida nos sigue sorprendiendo y lo que parece chiste hoy provoca en la sociedad una sonrisa asimétrica y la elevación de ceja, seguida de la condena a quienes se hacen llamar Therian.
No es un movimiento, no es una moda, aunque lo pareciera. Lo cierto es que, además de causarnos incomodidad como sociedad, revela un hecho en el que pocos han caído en cuenta: detrás de un disfraz, de una piel que se refugia bajo el manto decorado de una especie, hay una verdadera carencia. La afectiva.
En una entrevista realizada a un joven que se identificó como perro, este dijo a la prensa que siempre ha necesitado cariño. No hace falta ir muy lejos para entenderlo. Recién llegado mi querido Becker, un Yorkshire de apenas dos meses, mi sobrinita de siete años se sintió celosa ante los mimos a la recién llegada mascota. Después de un tiempo de mostrar sus celos, un día exclamó: "¡Quién fuera perro!"
Una niña de siete años lo dijo sin querer, con toda la claridad del mundo. Los Therian lo dicen también, solo que nadie los escucha.
Desafortunadamente, hoy cientos de jóvenes alrededor del mundo sienten precisamente eso: que están en un mundo tan conectado e informado, pero paradójicamente distante e indiferente. Uno donde las muestras de cariño han sido sustituidas por likes y la pertenencia a una comunidad se mide por la cantidad de seguidores.
El problema, explicado por sociólogos y expertos del comportamiento, es que la juventud actual vive bajo una presión constante: no son suficientes si no están a la moda, si no cumplen con los estándares de belleza o masculinidad que el mundo digital les impone a cada scroll.
Y sobre esa base ya frágil, les añadimos la hiperconectividad. Estar expuestos a todo, a temprana edad, es colocar sobre ellos una carga que no están capacitados para llevar. Su cerebro no ha madurado, enfrentan cambios importantes a nivel físico y mental y, aun así, se les exige amoldarse a estándares que no tienen la madurez para manejar.
Los Therian son un grito al vacío, a una carencia que, en su calidad de seres humanos, no pueden satisfacer porque para el resto de la gente ellos son invisibles. Y eso es lo más difícil de soportar: estar rodeados de gente y sentirse solos.
Por ello, esta tendencia moderna nos está diciendo a gritos que los jóvenes necesitan algo que les estamos negando: necesitan ser escuchados y valorados, necesitan que sus voces hagan eco.
Y quizás, al final, el verdadero chiste no sea el del abogado y la aleta, sino que como sociedad seguimos riéndonos en lugar de preguntarnos por qué.
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